miércoles, 24 de septiembre de 2014
Copero afeminado
¡Aleja tus más recónditas cavilaciones
y déjate llevar por el canto y la música!
¡Goza el momento con la hija de la viña!
Acepta la vida con alegría y regocijo
y no sigas los pasos de los que se reprimen.
Sirve el vino embellecido desde antiguo
entre las duelas de la cuba: bebida anciana,
consumió la eternidad su lozanía
arrebatándole el aliento era tras era.
Derramada en el cristal es una lumbre que prende
sin llamear; es centella si no se mezcla
y es oro cuando el agua se vierte en ella
salpicando y moviendo en sus entrañas a pelea
las burbujas que rivalizan en la contienda
hasta que alcanzan la superficie y se serenan.
¡Qué belleza en las yemas del copero afeminado
cuya mirada te mantiene en la incerteza!
¡No digas más buenos días! ¡Di buen vino tengas!
Menciona su nombre y aleja con él las guerras.
Mejor que lanzarse a la batalla cabalgando
entre relinchos, será atender el lamento
del copero que abandona el vino en las copas
y del bebedor que suspira por el mal de amor.
Abu Nuwas
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