La mujer se convierte en el señor del poeta (…); la fidelidad, la exige; suscita un amor que también impone el respecto: amor de lonh, amor lejano, que crea una tensión exaltante entre sentimientos contrarios y es, paradójicamente, el joy, el gozo del poeta, que consagra a la Dama una especie de culto ferviente y constante; ella es omnipotente sobre él; el amor que vive entre ellos es como un alto secreto que el no puede revelar, y es con un senhal, un sobrenombre, como la designa. (...) es característico de esta época el uso del emblema, la insignia, el senhal; los blasones y los escudos de armas que los caballeros llevan en su escudo y que toda personalidad física y moral hace grabar en su sello, participan de esta misma tendencia.
Hubo una civilización nacida del castillo, es decir, de la hacienda, luego surgida de los marcos rurales (…) Esta civilización dio lugar a la vida cortés, cuyo nombre mismo indica su origen, pues nació en la corte, el patio, es decir, en la parte del castillo en la que todo el mundo se encuentra.

Es un ideal este amor,
ResponderEliminarcuanto anhelo uno así,
sin un castillo,
sin un noble apellido,
pero con un corazón puro y sublime.