Claroscuro
Mirando un ópalo de tintes grisáceos,
recordé dos bellos ojos grises
que vi hará unos veinte años.
Nos amamos durante un mes.
Despues se fue.
A Esmirna, creo,
donde tenía trabajo,
y nunca nos volvimos a ver.
Deben haber perdido su belleza
(si vive todavía), los ojos grises.
El bello rostro se habrá afeado.
Memoria mía, gúardalos tal como eran antaño.
Memoria, de este amor
tráeme esta noche
el mayor número posible de recuerdos.
En la noche
De todas formas, no hubiera durado.
La experiencia de los años me lo ha demostrado.
El destino puso un fin abrupto.
Fue breve ese tiempo
pero qué fuertes sus perfumes
y en qué cama espléndida estuvimos.
Y qué sensualidad dimos a nuestros cuerpos.
Un eco de los días sensuales volvió,
algo del fuego juvenil que compartiamos.
Tomé de nuevo una carta entre mis manos,
y leí y releí hasta que la luz se fue.
Melancólico sali al balcón
para cambiar mis pensamientos, por lo menos,
viendo la ciudad que amaba;
un poco de movimiento en las calles y en las tiendas.
Permanecer
Debe haber sido la una o la una y media.
En un rincón de la taberna, tras la divisón de madera,
aparte de nosotros, nadie.
La lámpara apenas iluminaba.
El mesero dormía cerca de la puerta.
Estábamos tan excitados que nada nos importaba.
Nuestras ropas entreabiertas... -no usábamos mucha
por el excesivo calor del mes de julio-.
Goce de cuerpos semidesnudos,
contacto rápido de pieles,
visión de lo que ocurrió hace veintiséis años
y que ahora permanece en el poema.
Lejos
Quisiera relatar este recuerdo...
pero es tan distante como si no quedara nada.
Oscila a lo lejos en los años juveniles...
Piel hecha como de jazmín...
la noche de agosto... ¿era agosto?... la noche...
Apenas recuerdo los ojos:
eran, creo, azules...
...¡Ah! Sí, azules, azul zafiro...
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"Memoria mía, gúardalos tal como eran antaño. Memoria, de este amor tráeme esta noche el mayor número posible de recuerdos". Pero no sólo los recuerdos de su físico, también los recuerdos de su forma de ser antaño. He visto a mi paso, desgraciadamente, que todos cambiamos también nuestra manera de ser con los demás, de acuerdo con nuestras vivencias y aquello que alguna vez amamos, con el tiempo cambia, cambia su conciencia, sus gustos, sus aptitudes y actitudes o maneras, los amigos con los que se rodea, sus costumbres, los lugares que frecuenta. Yo guardo los recuerdos del momento en que fueron gratos en mi. Los cambios físicos son lo de menos, los cambios interiores en los individuos son los que más afectan cuando uno llega a enfrentarse en el camino a aquel amor.
ResponderEliminar¡Qué bello lo que dices, Graciela!
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